La protagonista eres tú

➤Son las 7 de la mañana y salgo a la calle para ir a trabajar. Cierro el portal y camino hacia la parada. Me cruzo con un grupo de hombres mayores, me miran de arriba a abajo mientras cuchichean “Qué bonita“, “Qué manera de alegrar la mañana“… Acelero el paso y entro en la boca de metro.

Me siento y, qué casualidad, él también lo hace, justo a mi lado. Mientras maldigo mi mala suerte, se gira hacia mí y se presenta. Medio sonrío por educación.

¿Te parece si conversamos durante el trayecto?

Lo siento, prefiero desconectar.

. Me bajo en mi parada y subo las escaleras mecánicas.

¿Dónde vas ahora?

-Pues fíjate que a ningún sitio, me voy a quedar aquí, pasando el rato hasta que te vayas.

Tras mi negativa en entrar en juegos, se marcha. Respiro. Maldigo de nuevo mi mala suerte.

➤19.00 horas. Sesión de fotos. Nuevo proyecto. Me piden para la prueba ropa “sexy”. Entre mi escueto abanico de posibilidades y, descartados los vaqueros como prenda “sexy”, mis vestidos parecen ser más bien de “monja”. Sólo un par pasa el casting. Me pruebo uno y salgo al matadero. Un hombre, de la edad de mi padre, me hace un escáner de arriba a abajo.

Tienes buen cuerpo, habrá que aprovecharlo.

El asco que siento no me deja seguir. La incomodidad se apodera de mí, me tiemblan las piernas. Decido que ese no es mi lugar. Me voy.

➤Día largo. Son las 21.30 horas y cojo el transporte de vuelta a casa. El metro va medio vacío, muchas horas de pie, ¡por fin me siento! A los 5 minutos de trayecto, se planta delante de mí un chico, joven, actitud chulesca:

-¡Hola preciosa! ¿Dónde vas?

Medio sonrío de nuevo ante la atenta mirada de dos hombres más que nos acompañan en el vagón.

-Pero, ¿no vas a decirme nada? Soy Juan.

Intenta acercarse a darme dos besos. Le paro los pies.
-Pero, ¿qué te pasa? Te estoy aquí diciendo cosas buenas y no me dices nada. ¿Estás deprimida? ¿O eres tímida?

Los hombres ríen mientras yo sigo a lo mío. Se cansa de mi callada por respuesta y se sienta de malas formas en otro vagón. Nuevamente ruborizada, me cruzo una mirada de contrariedad con uno de los hombres y deseo que mi metro llegue a su destino lo antes posible. Qué suerte la mía. Estoy cansada, pero hoy salimos.

Me siento invadida y me aparto. Charlo con unas amigas. Qué agobio, mejor me voy. Me despido de los compañeros, nadie se une a mí, por lo que me vuelvo sola. S O L A.

➤Ya en casa, la pregunta del millón. ¿Qué me pongo hoy? ¿Falda? ¿Pantalón? No, espera, si me pongo esta camiseta, como es más escotada, pantalón. Ya, pero es que me apetecía ponerme falda. Voy a por una blusa más tapada. ¿Iré bien así? ¿Será demasiado? Venga, término medio. Arreglada, salgo a la calle. Escucho silbidos, intento seguir caminando sin tropezarme.

Tomamos una copa, compañeros de trabajo. Ambiente cargado, muchas miradas, empujones, conversaciones.

-¿Y cuántos años has cumplido? ¿Casada ya? Pero con pareja, ¿no? ¿Intención de hijos? Porque yo a tu edad me moría por tenerlos.

Me siento invadida y me aparto. Charlo con unas amigas. Qué agobio, mejor me voy. Me despido de los compañeros, nadie se une a mí, por lo que me vuelvo sola. S O L A.

Salgo del bar y emprendo mi camino a casa. Acabo de salir y se me acerca un chico preguntándome por una calle. Le indico, es extranjero, no me entiende muy bien, y le vuelvo a indicar. No pasa ni medio minuto para que un amigo salga a “socorrerme” de semejante amenaza. Le empuja y le anima a abandonar el lugar ante la mirada estupefacta de su grupo. Intento que entre en razón, simplemente me ha preguntado por una calle, no ha intentado absolutamente nada conmigo. En todo caso, ese sería mi problema. Nada. Me disculpo ruborizada por el espectáculo y, ahora sí, emprendo mi camino a casa. S O L A.

Mañana me gustaría despertar y ver…que las culturas del miedo que imperan en tantas y tantas empresas se hayan caído vencidas por los que no se callan.

➤Son las 5 de la mañana, hay gente en la calle, pero siento miedo. Voy en tensión, paso acelerado, corazón agitado. Entre la confusión de la noche y el alcohol, mi inconsciente intenta jugarme malas pasadas y pienso que me siguen. Me giro en repetidas ocasiones, pero no hay nadie. Acelero más el paso, qué ganas de llegar a casa. Por fin alcanzo la puerta. Hay luz en el pasillo. Mi intuición me vuelve a dar el aviso, algo no va bien. Espero el ascensor. ¿Subo por la escalera? No, da igual. Justo cuando llega el ascensor, se abre la puerta del parking y aparece un vecino. Me lo había encontrado antes en el bar, se había ofrecido a acompañarme a casa, pero le dije que no. De nuevo, qué casualidad. Subimos. Mi corazón vuelve a agitarse. El ascensor se pone en marcha y se abalanza sobre mí. Cierro los ojos mientras le aparto. Quiere besarme. Quiero gritar, pero no puedo. El ascensor se para. Mientras balbucea sobre sus intenciones y su caótico matrimonio, salgo de él y retomo el camino hacia mi piso. Cierro la puerta. Salvada. Maldigo de nuevo mi mala suerte. Respiro, se me va a salir el corazón, empiezan a brotarme lágrimas…Deseo que todas las mujeres estén en sus casas para no cruzarse con él. Agotada, me voy a la cama.

Caminar por el día, tarde, noche y madrugada sin miedo.

➤Diferentes horas, en un día de los 365 que tiene un año en una mujer. Día tras día sufriendo todo tipo de violencia, en sus diferentes formas. Día tras día sorteando todo tipo de amenazas. No, no es mala suerte. Podría ser ficción, pero no, es la realidad. La protagonista eres tú. Son historias mías, tuyas y de todas.

Mañana me gustaría despertar y ver…que las culturas del miedo que imperan en tantas y tantas empresas se hayan caído vencidas por los que no se callan.

Hombres y mujeres valientes dispuestos a desafiar a un semejante. Porque nadie es más que nadie, ni un género ni un puesto dan un derecho extra para atemorizar y para maltratar. Punto. No, no somos bordes, maleducadas, desagradecidas o mojigatas. Somos mujeres libres con deseo de pisar por donde pisas tú con respeto, dignidad y humanidad. Las mismas con las que te tratamos a ti. Salir a la calle a las 07, 14, 19 o 04h y no ser acosadas con miradas, silbidos, comentarios, piropos, etc.

Caminar por el día, tarde, noche y madrugada sin miedo.
Vencer el juicio diario y eterno de lo que haces y dejas de hacer en tu vida, de las obligaciones y de los fracasos, de las edades, roles y sus supuestos planes, de lo que vistes y dejas de vestir, de lo que te haces y dejas hacer en tu cuerpo, de a quien amas y con quien te acuestas. Acabar con los cuestionamientos de inteligencia y fuerza, de desigualdad en el trabajo, únicamente por género. De no poder rebatir a un hombre sólo por el hecho de serlo. De tener que contar con guardaespaldas a todas horas por el incivismo, machismo e inmadurez de los demás.

¿Hasta cuándo? Condenadas desde que nacemos, amenazadas en vida y olvidadas cuando nos vamos. Somos tus hijas, novias, mujeres, hermanas, sobrinas, madres, abuelas, tías, nueras, compañeras. BASTA_Mónica GarcíaPeriodista

«Cree en ti, no dejes que te digan que no puedes»

*Imagen cedida por Texenery Ramos / Modelo: Escarlata Doylle

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