Escapar del mundo

A veces escapamos, no para huir, ni para habitar más profundo, a veces escapamos para respirar y poder seguir vivas. Así sin más, sin ninguna otra trascendencia, sin tratar de ahondar en secuelas que nos hicieron crecer más deprisa. Escapamos para proteger nuestra propia existencia.

Todos los días, o casi a diario, escucho alguna que otra conversación, donde sale a relucir que “por lo menos hemos avanzando”, que “ya no son las cosas como antes”, o “ahora hay más medios y tecnologías”. Me pregunto a qué medios se refieren, o cómo son las cosas ahora, que tanto dejan en letargo a las de antes, y en qué hemos avanzado.

Si a veces escapamos, es porque algo falla, algo falta, el error de antaño sigue sin ser curado, los medios que se suponen estar para proteger y defender nuestros derechos, no existen, o yo no los veo.

… piropos que NO pedimos, ni queremos, ni escuchamos.

Sigo hablando de las mujeres, de nosotras, de las que por una causa u otra, a veces escapamos, porque nuestras penas son exageraciones que distorsionan y perturban la vida LIBRE de pobres hombres inocentes, que siempre saludan, que siempre nos sonríen, que siempre esperan, desean y quieren, que correspondamos a ese saludo, a esa sonrisa, pero jamás parecen darse cuenta, del magnánimo asco y repulsa que causan sus piropos, piropos que no pedimos, ni queremos, ni escuchamos.

… la necesidad de escapar que habita en nuestro día a día, en nuestro espacio invisible, sólo visible a los ojos de nosotras las mujeres.

Pero ellos, esos pobres hombres indefensos, erre que erre, con sus bromas llenas de ironía, la misma que yo estoy aquí empleando, para darles un poco de su medicina. Pero jamás lo entenderán, jamás ellos, los pobres hombres indefensos, podrán entender la necesidad de escapar que habita en nuestro día a día, en nuestro espacio invisible, sólo visible a los ojos de nosotras las mujeres.

A veces escapamos, no por miedo, ni por rencor mucho menos. A veces escapamos para recordar que cada vez que lloramos, se nos oxida la piel.

 

*Imagen cedida por Lidia Pérez.

Deja un comentario