Conversación con mi condena

«Cómo es que, si el amor ahuyenta el miedo, cada vez que sus manos se acercaban a mí, todo lo que en ese momento existía a mi alrededor temblaba. ¿O era yo la que desvanecía mi entereza, suplicando al cielo que el mundo se acabara? La historia cambia, las situaciones y los conceptos también; o al menos se focalizan de distinta manera en dependencia de cómo los interpretamos.

He encontrado razones para morir un poco cada día.»

Si quieres seguir leyendo, pide tu ejemplar aquí.

Deja un comentario